Pendrakul
03-Sep-2008, 20:02
Historia de la Última Marcha de los Gigantes
Al este de la Gran Brecha, en el Sheír Oriental, se alzó una vez el país de los titanes. Este imperio nació en los albores del tiempo en Faerûn, y sus señores decidieron desafiar a los dioses en actitud arrogante. Como castigo, los poderes maldijeron al monarca del país con fascinación y a sus hermanos con devoción. Entonces los poderes dejaron caer una estrella sobre el país. El impacto creó un enorme valle conocido como el Mar de las Estrellas Caídas. Adquiriendo poco a poco velocidad, la hendidura se extendió a través de la nación de los titanes y continuó hacia el sur.
Incapaz de contener su curiosidad, el rey titán corrió tras la esfera rebotadora y sus devotos adeptos siguieron fielmente sus huellas. El meteorito continuó rodando hasta llegar al Gran Mar y se desvaneció en las profundidades. El monarca se zambulló en el mar y toda la raza de titanes, como una manada de borregos, se zambulló tras él, no volviendo jamás a ser vistos desde entonces.
Avergonzados de la destrucción que habían causado, los poderes prometieron controlar la curiosidad y la lealtad para evitar tales desastres en el futuro. Esta promesa se ha mantenido hasta hoy, impidiendo que las nuevas ideas sean perseguidas y que las razas inteligentes de Toril vuelvan a caer en el mismo error.
Al este de la Gran Brecha, en el Sheír Oriental, se alzó una vez el país de los titanes. Este imperio nació en los albores del tiempo en Faerûn, y sus señores decidieron desafiar a los dioses en actitud arrogante. Como castigo, los poderes maldijeron al monarca del país con fascinación y a sus hermanos con devoción. Entonces los poderes dejaron caer una estrella sobre el país. El impacto creó un enorme valle conocido como el Mar de las Estrellas Caídas. Adquiriendo poco a poco velocidad, la hendidura se extendió a través de la nación de los titanes y continuó hacia el sur.
Incapaz de contener su curiosidad, el rey titán corrió tras la esfera rebotadora y sus devotos adeptos siguieron fielmente sus huellas. El meteorito continuó rodando hasta llegar al Gran Mar y se desvaneció en las profundidades. El monarca se zambulló en el mar y toda la raza de titanes, como una manada de borregos, se zambulló tras él, no volviendo jamás a ser vistos desde entonces.
Avergonzados de la destrucción que habían causado, los poderes prometieron controlar la curiosidad y la lealtad para evitar tales desastres en el futuro. Esta promesa se ha mantenido hasta hoy, impidiendo que las nuevas ideas sean perseguidas y que las razas inteligentes de Toril vuelvan a caer en el mismo error.