![]() |
|
|
#1 |
|
Troll
Fecha de Ingreso: 13-March-2008
Mensajes: 40
Gracias: 0
Agradecido 0 Veces en 0 Posts
|
En el medio de la gran explanada, dando la bienvenida a los viajeros, se erguía una imponente estatua con la desnuda figura del Dios Ekronón, padre de los inmortales Guardianes de la Atlante Emergida. Con su brazo izquierdo sostenía un pétreo escudo; entregado por la Diosa Madre tras el castigo al que lo sentenció, para que se defendiera del perecedero transcurrir de los años y de la dolorosa enfermedad. Su diestra aprehendía con tensión una lanza, también regalada por la máxima divinidad, para que siempre tuviese presente la única fragilidad que le podría ocasionar la oscura muerte.
En torno a la estatua, decenas de doncellas Atlantes ataviadas con blancas y finas sedas, encubiertas tras máscaras de aspecto animal y ornamentos lanudos, danzaban al son de una lira, mientras entonaban una hermosa plegaria. Divino Ekronón, Hijo de Tierra Madre, Padre y mayoral de los Atlantes Blancos, en el azul firmamento te muestras hoy, resurgiendo victorioso de tus restos. Divino Ekronón, tutor de la honradez, armado de lanza y del broncíneo escudo, inmola en venganza nuestra al Dragón Negro, escamado ladrón de nuestros vástagos. Divino Ekronón, espíritu salvador, envíanos a tu negro toro protector, a la diestra abeja que concede la miel, y al anhelado retoño que está al nacer. —¿Qué es lo que celebráis? —preguntó el mortal, que había quedado prendado de aquella ceremonia. —Son antiguos ritos relacionados con el anticipo de la siembra de la semilla, y la recolección de la dulce miel —respondió Lénothel—. Pero, además, se invoca al Dios Ekronón para que devuelva la fertilidad a los de nuestra raza; aunque eso es una historia de la que prefiero no hablar. —Como desee —dijo Ewodén. Apretando el ritmo por la empedrada plaza, pronto los tres caballeros se dispusieron a subir hasta lo más alto de la Ciudad Blanca; y se adentraron por la calle que ascendía hacia el sur. El nerviosismo comenzó a apoderarse de Ewodén, pues sabía que estaba siendo conducido hasta el decano de todos los Reyes Ekronoidas que habían existido en la Atlante Emergida. Con el lento desfilar de los años, las pétreas columnas que sustentaban los soportales de las construcciones adquirieron figuras humanas; portadoras de grandes lanzas, espadas y arcos; eternos guerreros caídos con inmensa gloria en combate, y héroes de la mitología Atlante de la anterior Edad del Mundo. Desnivelados y nevados tejados revestían a los verticales edificios que se iban encontrando a lo largo de las casi cien brazas de vía. El muro defensivo meridional, les obligaba a girar hacia el norte en una pronunciada curva, y volvían a encontrarse con otra calle, no menos larga que la anterior, desde la que podía vislumbrarse el Castillo del Rey Adonás. Aquellas empedradas y zigzagueantes calles de hermosos edificios llamaban la atención del alucinado Hombre; sin embargo, los corpulentos Atlantes iban y venían por todos lados, metidos en sus asuntos, sin apenas percatarse de la presencia entre ellos del mortal. Giraron otra curva cerrada a la derecha y volvieron a encontrarse con otra adoquinada calle, en la que el final era un enorme risco, un salvaje sobresaliente de la montaña. Los bellos edificios de piedra continuaban custodiando la vía, con alargadas ventanas y grandes puertas arqueadas que decoraban sus fachadas; las antorchas encendidas iluminaban el camino a seguir. Volvieron a girar a la izquierda e igualmente encontraron otra calle, desde la qué el castillo podía verse aún con mayor precisión; con sus cuatro altas torres almenadas destacando en su cuadrada estructura. Luego, un nuevo y complicado giro a la derecha; y encontraron lo que parecía ser la quinta y última calle que subía hasta los pies de la magna construcción. Una vez volvieron a girar hacia el norte, la atención se dirigió hacia el Castillo de Adonás, que regía una gran explanada con sus cuatro altas torres, y otras menores que lo solemnizaban; componiendo un gran macizo de grandes bloques de piedra, con una gran y única puerta que miraba hacia el oeste. Las antorchas iluminaban por todas partes a la Gran Plaza de la Ciudad Blanca, inmovilizadas en las columnas y en el alzado de los edificios que la rodeaban. Los Hijos de Ekronón caminaban de un lado a otro, con sus hermosos y coloridos textiles; hechos con paciencia por inmortales manos femeninas. Pero los tres jinetes prosiguieron por el nevado lateral de la plaza hasta el Castillo del Rey. La entrada estaba situada en un hermoso balcón, y en su término se encontraba la interminable escalera que bajaba hasta el Patio de Armas de la ciudad. Dos grandes puertas de gruesa madera, reforzadas con pesadas rejas, protegían a la construcción del exterior. Los centinelas abrieron las puertas, y los tres entraron por un largo y oscuro túnel, hasta un Patio interior de rectangular morfología. Dos alturas de edificios protegidos con estoas rodeaban al más largo que ancho lugar, donde las raquíticas plantas aguardaban el deshielo para florecer. En las cuatro esquinas de la edificación se alzaban cuatro torres menores, terminadas en puntiagudas cúpulas de blanca piedra. Tres grandes puertas quedaban en los otros laterales del Patio de las Cuatro Torres, pero se dirigieron a la del frente, donde una bandera del Reino era ondeada por el viento del norte. Debajo de aquella puerta fueron recibidos por más guardias Atlantes, que les ayudaron a descender de los caballos y les invitaron a que los siguieran. Un gran corredor de homogéneos bloques calizos se extendía tras la puerta de entrada, en el que treinta y tres pares de corpulentos Titanes sostenían la techumbre longitudinal, con sus alzados brazos; portando entre sus pétreas testas, decoradas coronas con motivos florales, y éstas el mismo número de traviesas. Espaciosas y altas cámaras, además de otros habitáculos menores, se distribuían a sendos lados del Pasillo. Al final del mismo se encontraba la Sala Suprema, recinto en el que el Rey Adonás conciliaba con los Atlantes Blancos, capilla en la que oraban ante la colosal estatua de su Dios Ekronón, y lugar donde se llegaron a celebrar místicas festividades en su recuerdo. Dos centinelas abrieron unos suntuosos cortinajes blancos y Ewodén quedó con la boca abierta cuando contempló a decenas de doncellas Ekronoidas desnudas; danzando bajo una sensual melodía; y retozando entre grandes almohadones coloridos y sobre los placenteros lechos de aquel paraninfo. Escudados balcones interiores se asomaban a la Sala Suprema, abriéndose desde otros habitáculos menores de la primera y segunda planta; destacando, justo enfrente de la entrada, el del Salón del Trono del Rey Adonás, con la Estrella del Amanecer cubriendo su balaustrada; al que se ascendía por una escalera en espiral hecha en piedra e iluminada por grandes antorchas en su parte interior. Por allí subieron, dando un giro completo, hasta el Salón del Trono; donde el Rey Adonás ejercía su mandato y les esperaba desde hacia algún tiempo. A pesar de saberlo, Ewodén aminoraba intencionadamente su paso, pues los nervios se habían apoderado de él. Una vez que ascendieron hasta el glorificado lugar, Ewodén volvió a quedar prendado con su belleza. El Salón del Trono estaba en la parte más alta del castillo y flanqueado por las cuatro almenadas torres. Trece naturales figuras de piedra formaban un círculo casi completo; quedando en el ancho y elevado hueco, el dorado Trono del Rey, justo al frente de la entrada. Y, tras el sitial, regía una gran Estrella del Amanecer, que parecía renacer desde el oriente. Los Trece Reyes Tiranos tuvieron su lugar en aquella sala, hermanos menores del Rey Adonás, a los que en el pasado coronó como virreyes en muchas partes de la Atlante Emergida, y que perecieron por la ira del Diosa Madre, junto a las tierras que esclavizaron. A pesar de la rebeldía de sus hermanos contra Adonás, el primogénito de Ekronón había querido homenajearlos y tener en su recuerdo a los antiguos Atlantes; los Reyes Ekronoidas, efigies que daban aún mayor grandeza al Salón del Trono. Altas pilastras sostenían el majestuoso recinto, forjado con esbeltos bloques extraídos de la montaña, de los que colgaban los emblemas de la Atlante Emergida. Los cuencos con el fuego eterno estaban dispersados por la sala, ofreciendo una cálida bienvenida a los visitantes. A la derecha, se encontraba un balcón que miraba hacia el sur, hacia la Gran Plaza de la Ciudad Blanca, desde donde Adonás contemplaba las Nandurún y tenía poderosas experiencias espirituales con otros seres vivos, gracias a los cuales, y a su divino don, conocía más allá de sus fronteras. Desde la terraza, una alta e inmaculada figura apareció ante aquel mortal. Sus blancos y largos cabellos le hacían un poco mayor; Ewodén le hubiera echado unos sesenta años, aunque ni siquiera Lénothel sabía cuántos tenía realmente; si así fuera, Ludwen lo habría contado en alguna de sus historias. Era en la blancura de su tez donde la raza Ekronoida se reflejaba. Inmemoriales años y aún seguía con ese mismo rostro, bello e inquietante, como si un Dios se hubiese adentrado en el interior de su frágil cuerpo. Vestía completamente de blanco, con la Estrella del Amanecer acorazando su pecho. Junto a él, apareció el Príncipe Lenzias, su primogénito, de rubios y largos cabellos lacios, y de un gran parecido físico a su progenitor. —¡Bienvenidos de nuevo, hermanos Lénothel y Ludwen, a pesar de que no hace mucho desde nuestro anterior encuentro! —dijo el Rey a los dos Atlantes. Padre e hijo devolvieron el saludo a Adonás, que no tardó en dirigirse hasta Ewodén, con una enigmática sonrisa en su arcano rostro—. ¡Se bienvenido, Ewodén de Wálattan! ¡Milagrosamente has logrado despertar! —¡Cierto es, Rey Adonás…, —dijo Ewodén—. Es un verdadero honor estar ante vuestra divina presencia! Ewodén estaba impresionado, al contemplar al que fuese tantos años Rey de Atlante y un verdadero Dios para los mortales Hijos de Thartso. El Hombre arrodilló su pierna izquierda e hizo su reverencia Thartsoida, con la que se llevaba su puño derecho al pecho. —Por favor, Ewodén, levántate —dijo Adonás—. Pues ni soy yo más que tú, ni he de ser loado como tal. —¡Oh, mi Rey Adonás, cómo agradecer el trato recibido durante estos últimos días, en los que he permanecido malherido en vuestra tierra, y de que me hayáis recibido en vuestro hermoso castillo! El rostro del Rey Adonás se desencajó ante las palabras de Ewodén. También el Príncipe Lenzias, así como los Mariscales Lénothel y Ludwen, sintieron algo en su interior, que evidentemente fue percibido por el mortal. —¡Poneos cómodos, descansad, pues pronto cenaremos! —dijo Adonás, rompiendo aquel preocupante silencio—. ¡Tenemos bastante de lo que parlamentar, y es mejor hacerlo con el vientre lleno! Ewodén suspiró, mientras varias doncellas Atlantes comenzaron a desfilar ante sus cansados ojos, portando rebosantes jarras de vino y deliciosos manjares sobre plateadas bandejas. Los Hijos de Ekronón tomaron asiento en una de las mesas del Salón del Trono y el Hombre se despojó de su blanca túnica para sentarse junto a ellos. Entonces, entre bocado y bocado, la conversación se reanudó, y la sorpresa de Ewodén llegó cuando las graves palabras de Adonás comenzaron a salir por su boca. —Para nosotros, los Atlantes Blancos, es un placer ayudar al Rey de los Hombres Thartsoidas —dijo Adonás. Ewodén quedó en silencio, incomodado y cabizbajo, cuando todas las miradas se cruzaron en un mismo punto, él. —¡Mi Señor, disculpadme! —dijo Ewodén—. Me negué a hacer referencia a mi condición real, porque no encontré el modo de hacerlo. Quizá me he encontrado desorientado tras este extraño despertar. Pero es así, caballeros, soy el jefe de los Thartsoidas de Wálattan. —No debes preocuparte por nada de eso, Rey Ewodén. Sabía quién eras desde mucho antes de que abandonaras tu casa. Por el contrario, has de saber que no han sido días los que has permanecido en nuestra tierra; sino que, realmente, llevas en mi Reino ocho largos años, aunque ese tiempo, a los Atlantes, pueda parecernos una fugaz estación. La confusión en Ewodén fue monumental, ahora si que no podía creer lo que estaba oyendo. Se levantó bruscamente y permaneció en silencio unos instantes, en los que se le pasaron por la cabeza cientos de cuestiones. Pero después, su arrebato dejó palpable qué tipo de sangre corría por sus venas. —¿Qué me está diciendo? ¿Cómo pueden haber transcurrido ocho años, si aún recuerdo todo lo que aconteció durante el viaje que…? ¡Juraría, por el divino Thartso, que todo sucedió días atrás! —¡Vuelve a tomar asiento, Rey Ewodén! —¡Ruego que me disculpen! —el sollozo de Ewodén conmovió a los Atlantes—. ¿Es qué acaso estoy muerto? —¡No, Rey Ewodén, no estás muerto! Como ya sabes, fuiste rescatado, prácticamente sin vida, por el Mariscal Ludwen. Has permanecido ocho inviernos en la casa de Lénothel, sin que la medicina Atlante te devolviese al mundo de los vivos. Esa es la verdad y debes de asumirla. —¿Cómo es posible? ¿Qué me ha ocurrido? ¡Ay, santo Thartso, quieras tú que en mi casa no hayan acontecido más desgracias que esta, la mía! —¡Zúnder, la espada que portas, acarrea mucha maldad sobre su frío bronce, y ese mal se ha apoderado de tu alma! —¿Zúnder? —Presiento ese daño alojado en el arma que te han dejado tus antepasados —respondió bastante serio y preocupado el Rey Adonás—. Las maldiciones en estos inciertos días aún son poderosas, Rey Ewodén, pero si se trata de la forjada por uno de los vástagos de Darnes, el gran Dragón Negro, aún sería mucho peor. —¿Qué es lo quiere decirme? —El mal llama al mal. Algo grande ha debido suceder para que despiertes de tan gran letargo. Cierto es que la muerte era tu camino, y que de la Morada de Erebea has escapado. A pesar de la gracia con la que fui dotado, mis conocimientos no pueden alcanzar más allá de lo que se esconde tras tu mirada. Lo único que puedo decirte, es que el poder de tu espada está ligado a un poder muy superior al mío, y tendrás que contarme todo lo que sepas acerca de sus anteriores portadores, si quieres que te ayude a regresar a tu casa. —¿Quiere que le cuente todo? —Así es, Rey Ewodén, tengo toda la noche. Esas ceremonias orgiásticas, en las que las doncellas se estimulan entre ellas, pidiendo a Ekronón que las preñe por su poder divino, pueden esperar un año más.
__________________
Véncete y serás invencible. FROM EMERGED ATLANTE http://escamasybronce.blogspot.com/ Última edición por DAEKROM; 21-Mar-2008 a las 00:18 |
|
|
|
|
|
#2 |
|
Buscador de historias
Fecha de Ingreso: 27-September-2007
Ubicación: Planeta Vilanova del Camí in Barna
Mensajes: 2.154
Gracias: 485
Agradecido 300 Veces en 217 Posts
|
DAEKROM te prometo que cuando acabe Un Mundo sin Fín haré un parentesis y leeré tu relato al igual que otros de los diferentes foreros,como el de Erys que lleva mucho tiempo ahï y todavía no lo he leido, lo siento es el tiempo que vuelaaaaa
__________________
MI HISTORIA EN EL FORO. SE ACEPTAN VISITAS: http://www.fantasiaepica.com/la-vist...nda-t3863.html |
|
|
|
|
|
#3 |
|
Troll
Fecha de Ingreso: 13-March-2008
Mensajes: 40
Gracias: 0
Agradecido 0 Veces en 0 Posts
|
Sin problema wherter, ahí lo dejo para cuando dispongas de tiempo.
__________________
Véncete y serás invencible. FROM EMERGED ATLANTE http://escamasybronce.blogspot.com/ |
|
|
|
|
|
#4 |
|
Mago
Fecha de Ingreso: 03-November-2007
Mensajes: 519
Gracias: 0
Agradecido 0 Veces en 0 Posts
|
LO MISMO DIGO IO
a dios pongo por testigo de ke este ultimo no existe i tb leere tu historia.. ¬¬ menudas chorradas me marco...
__________________
R de Revolución
A de Actitud P de Poesía |
|
|
|
|
|
#5 |
|
Troll
Fecha de Ingreso: 13-March-2008
Mensajes: 40
Gracias: 0
Agradecido 0 Veces en 0 Posts
|
Lo mismo digo hermano. Pero ¿qué es lo que no existe?
Me pregunto: ¿el tiempo?
__________________
Véncete y serás invencible. FROM EMERGED ATLANTE http://escamasybronce.blogspot.com/ |
|
|
|
|
|
#6 |
|
Mago
Fecha de Ingreso: 03-November-2007
Mensajes: 519
Gracias: 0
Agradecido 0 Veces en 0 Posts
|
klaro k no... el tiempo es lo mas existente, de hecho. (cre0...)
el k no existe es dios, i el lo sabe...
__________________
R de Revolución
A de Actitud P de Poesía |
|
|
|
|
|
#7 |
|
Troll
Fecha de Ingreso: 13-March-2008
Mensajes: 40
Gracias: 0
Agradecido 0 Veces en 0 Posts
|
Ahora comprendo Pablo710.
Bueno, "que Dios no existe y que el Él lo sabe", con esto me he perdio un poco. Es complicado saberlo cuando uno se asoma al balcón y ve a miles de fieles disfrazados adorando a un trozo de madera. Y aunque no tenga nada que ver con el tema, que conste que yo CREO. Supongo que si no fuese así hubiese aprovechado mi tiempo libre para escribir una historia de pistoleros o, que te digo yo, de excavaciones. ¡Yo qué sé!
__________________
Véncete y serás invencible. FROM EMERGED ATLANTE http://escamasybronce.blogspot.com/ |
|
|
|
|
|
#8 |
|
Buscador de historias
Fecha de Ingreso: 27-September-2007
Ubicación: Planeta Vilanova del Camí in Barna
Mensajes: 2.154
Gracias: 485
Agradecido 300 Veces en 217 Posts
|
Bueno DAEKROM, ya me he leído el primer capítulo y me parece excepcional, las descripciones son magníficas y no afectan al ritmo de la lectura que es lo importante. Sin embargo, hay algo que me ha llamado la atención (nada importante), en el momento que Lénothel lleva a cenar a Ewodén le enseña los cuencos con los diferentes manjares, pero no me suena muy bien cuando le dice "en aquel otro cacharro", no se al ser un atlante suena muy vulgar. Por el resto estoy alucinado.Creo que hasta ahora hay un muy buen trabajo. Te seguré leyendo compañero
__________________
MI HISTORIA EN EL FORO. SE ACEPTAN VISITAS: http://www.fantasiaepica.com/la-vist...nda-t3863.html |
|
|
|
|
|
#9 |
|
Troll
Fecha de Ingreso: 13-March-2008
Mensajes: 40
Gracias: 0
Agradecido 0 Veces en 0 Posts
|
Hola Wherter:
Me alegra que te haya gustado, porque todos sabemos que eso da ánimos para seguir. Si algún día lees la historia entera, te reirás con muchas palabrillas de ese tipo y costumbres un tanto meridionales. Hasta pronto
__________________
Véncete y serás invencible. FROM EMERGED ATLANTE http://escamasybronce.blogspot.com/ |
|
|
|
|
|
#10 | |
|
Habitual del foro
Fecha de Ingreso: 09-March-2008
Ubicación: Altojardín
Mensajes: 258
Gracias: 3
Agradecido 4 Veces en 2 Posts
|
Cita:
pero hay mucha gente que consideraría estas palabras ofensivas. Ya te dije que me metí a tu blog para "chusmetear" unos minutillos y me pareció que tenía buena pinta, me alegro que lo hayas colgado aquí pues es más comodo a la hora de leer y comentar y todo eso. Me lo tengo que leer, está apuntado en mi agenda en el hueco de asuntos pendientes, pero tendré que sacar mi tiempo
|
|
|
|
|
![]() |
| Herramientas | |
| Desplegado | |
|
|