De vez en cuando escribiré algún relatillo sobre Geralt. Un capricho. Si alguien se une, ya sabe. Va por tí, hermanillo, por lo bueno cas sío conmigo... Imagina que Deila soy yo.
NI FRÍO NI CALOR
La mujer caminaba mirando atentamente al suelo, buscando las extrañas hierbas medicinales que sólo se daban en aquella montaña. Portaba un zurrón atravesado en el pecho, colgando ante sus caderas, y una pequeña navaja en la mano derecha. Un siseo burbujeante hizo que levantara rápidamente la vista y mirara alrededor, adoptando una postura defensiva, pero no vio nada. Escuchó; volvió a oír el sonido y trató de discernir de dónde venía. Su origen parecía ubicarse en un grupo de árboles, entre el espeso follaje.
Sacó la espada de su funda y avanzó con cautela, pasos cortos y silenciosos, pues era aquél un bosque peligroso donde los hubiera. Quit pro quo: hierbas que ayudaban a preservar la vida y monstruos que la arrebataban.
Alcanzó las matas espinosas y miró estirando el cuello: entonces los vio, ambos malheridos, ambos yaciendo en el suelo.
La mujer saltó con agilidad el arbusto, y se dirigió en primer lugar a la kikimora. El monstruo, parecido a una araña de proporciones grotescas, agonizaba entre estertores; su respiración, ahogada en su propia sangre, producía el sonido que había despertado su cautelosa curiosidad. Levantó la espada por encima de su cabeza, la clavó profundamente en el cuerpo del monstruo y luego la arrancó. El sonido cesó de inmediato.
Limpió la hoja de la sangre negra en el suelo y la guardó en la funda en su cadera, mientras se acercaba al hombre que yacía inconsciente. Su mano flácida aún agarraba la empuñadura de una espada de plata, y del cuello de su camisa sobresalía un colgante tallado en forma de cabeza de lobo con las fauces abiertas.
Un brujo. A Deila no le gustaban los brujos.
Se arrodilló junto a él y tocó su yugular. Tal como supuso, estaba vivo. Las mutaciones a las que sometían a los brujos les hacía excepcionalmente fuertes, pues su labor consistía en combatir todo tipo de monstruos; Deila también sabía que se curaría más rápido que cualquier humano. Le examinó buscando heridas, y encontró dos: un fuerte golpe en la cabeza y una mordedura en el muslo. El veneno de la kikimora no sería un problema para el metabolismo alterado del hombre, y Deila apostó además a que antes del enfrentamiento, el brujo habría tomado algún elixir. Quedaba descartado, por ello, el administrarle cualquier antídoto sin saber la naturaleza del bebedizo que por supuesto, no iba a conocer ni aunque estuviera despierto. Tomó su barbilla e hizo girar la cabeza del hombre hacia el otro lado. La sangre manchaba los cabellos prematuramente blancos del brujo, y seguía manando del corte en la zona parietal, aunque poco ya. También salía un hilillo de sangre del oído del mismo lado, y eso no era buena señal. A fin de cuentas, la cabeza del brujo no había resultado tan dura como debiera. La kikimora, de un fuerte golpe o a resultas de estrellarlo contra un tronco, se la había partido.
Un relincho llamó su atención, e imaginó que sería el caballo del brujo. Eso ponía las cosas más fáciles. Se levantó y buscó dos ramas largas y suficientemente gruesas, algo que en un bosque no tardó en encontrar, se sacó la capa y la dispuso entre las dos ramas, usó cuerda y pronto tuvo una camilla improvisada. Luego fue en busca del caballo, fijó la camilla y montó de nuevo en dirección a su cabaña, vigilando al herido.
Cuando entró en la cabaña acarreando en sus brazos unos troncos para mantener el fuego del hogar esa noche, vio que el brujo tenía los ojos abiertos. Soltó su carga junto a la chimenea y se limpió las manos de broza contra el delantal que cubría su vestido.
- Ya has despertado…-dijo, acercándose al jergón donde estaba acostado el hombre-. No te muevas. Tienes roto el hueso de la cabeza.
El brujo no dijo nada.
- Soy Deila, curandera, y te encontré herido en el bosque. Junto a una kikimora moribunda.
-¿Dónde estoy?
- En mi casa… Ah, te refieres a… Estás en Kovir, en las montañas Dragón. ¿Acaso no recuerdas?
- No, no recuerdo.
-¿Recuerdas quién eres o tampoco?
- Tampoco.
- Vaya. Menudo golpe te llevaste, amigo. Bueno, pórtate bien y las cosas vendrán solas. Intenta descansar y, sobre todo, no te muevas.
Deila se sentó frente a la mesa y vació el morral sobre ésta. Comenzó a separar las diferentes hierbas en montoncitos, y cuando terminó las metió en frascos de cristal que tapó con tapaderas de metal.
El brujo la miraba hacer, no dormía.
Luego colocó unos troncos en la chimenea y colgó en un gancho una olla para calentar su contenido.
- Por aquí el verano sólo se nota de día. Las noches son frías, brujo. ¿Tienes hambre?
- Tengo.
- Enseguida se calentará el cocido. Espera, no trates de levantarte solo, yo te ayudo.
La curandera ofreció sus hombros al brazo de Geralt para que se sirviera de su apoyo y lo condujo hasta la mesa. Luego se afanó en traer platos, cucharas, vasos, servilletas y media hogaza de pan. Y una jarra de agua.
El brujo traía hambre. Aunque se quejara de dolor de cabeza y tocara continuamente el vendaje que Deila le pusiera, dio cuenta del cocido en un tiempo récord. Luego se bebió dos vasos de agua seguidos. Y a continuación, lo vomitó todo al suelo.
- Lo siento…- dijo el brujo, avergonzado.
- No importa, ahora lo recojo… Vamos, antes te acuesto de nuevo, no estás bien.
La mujer le acostó en el jergón con cuidado, y luego salió a la noche. Regresó con un cubo de agua y una bayeta, y comenzó a recoger el desaguisado. Geralt se sentía aún más abochornado viéndola hacer, arrodillada; sólo la mutación de sus capilares evitaba que su rostro estuviera rojo como la grana. Pero enseguida se durmió.
Se despertó varias veces, esa noche. La primera, vio a la mujer sentada frente a la mesa, con un candil y un libro sobre ésta. Leía algo atentamente, tanto que ni siquiera se percató de que él estaba despierto. La segunda, ella removía con una larga cuchara de madera el interior del caldero, que desprendía un olor acre. La tercera, le despertó ella para hacerle beber algo que sabía a rayos. Pero no se resistió y se lo bebió todo, obediente, pues entendió que gran parte de la noche se la había pasado elaborando esa medicina para él.
- Deila, tengo ganas de... Bueno, mi vejiga va a estallar si no la alivio.
- Ahora traigo el cubo. No intentes incorporarte solo, brujo, por lo que más quieras.
Delia salió y entró casi inmediatamente a la cabaña, ayudó a Geralt a ponerse de pie y aguantó el cubo para él ante sus caderas. El brujo la miró, indeciso.
- ¿Qué?- dijo ella- No voy a mirarte, si es que vacilas por escrúpulos. Oh, joder, vale, ya me pongo de cara a la pared. No tenéis precisamente fama de mojigatos, los brujos. Y va y me toca a mí la excepción de la regla… Pues a mí, sabe que ni frío ni calor.
La mujer cambió de mano el cubo y se volvió hacia la pared, del lado contrario al que encaraba Geralt. Al poco oyó el sonido de un chorro golpeando el fondo del recipiente.
- Ya está, gracias- fue el modo en que le dio a entender que había terminado. Ella dejó el cubo en el suelo y le ayudó a acostarse una vez más. Luego salió fuera, seguramente para aliviar su propia vejiga, y entró de nuevo con el cubo, que dejó en un rincón. Sacó dos mantas de un arcón y se acostó en el suelo. También por eso se sintió azorado el brujo, pero el sueño se llevó todos sus remordimientos.
Ésta vez, al despertar, ya era de día. La pequeña cabaña estaba bañada por la luz del sol que entraba a raudales por las ventanas, motitas de polvo flotaban visibles a través de los rayos. El fuego del hogar estaba casi apagado, y no había ni rastro de la curandera ni de las mantas en las que había dormido. El brujo se percató de que el dolor de cabeza era más soportable, y se levantó con cuidado. Al no sentir mareo ni debilidad ninguna, se calzó las botas y salió de la cabaña en busca de las letrinas. Oyó a Deila discutir con un hombre, y encaminó sus pasos hacia ellos.
-¡Dile a tu señor que me deje en paz!- gritaba la curandera- ¡No pienso acceder a sus deseos ni marcharme de mi casa!
El hombre vio a Geralt y frunció el ceño. Apoyó su mano enguantada en el pomo de su espada. Al brujo, eso no le gustó.
- ¿Qué ocurre, Deila?
La mujer se giró sorprendida.
- Nada… - enfrentó su mirada de nuevo al desconocido, un esbirro con buenas vestiduras jactancioso como un pavo-. Eso es todo lo que tengo que decir. Buenos días.
El hombre seguía mirando al brujo como si intentara recordar de qué le conocía. Dio dos pasos hacia atrás antes de darse la vuelta y montar en su caballo. Lo espoleó y partió al galope camino abajo.
- ¿Por qué demonios te has levantado? ¿Acaso no te dejé claro que no debías hacerlo?- regañó al brujo sin contemplaciones.
- Me encuentro mucho mejor. ¿Por qué discutías con ese hombre?- insistió él.
- Ay, brujo- suspiró ella-, todo el mundo cree que puede aprovecharse de una mujer que vive sola. Pero conmigo han pinchado hueso. Anda, volvamos a la cabaña. He de cambiarte el vendaje, y no será lo único que te cambie. Seguro que cuando te quites esa ropa, se va caminando sola al lavadero.
En la semana siguiente, el brujo mejoró bastante. Deila le quitó el vendaje y los siete puntos de la brecha, y llenó para él la bañera con agua caliente.
- Bien que necesitas un baño, brujo. Métete en la bañera y deja tu ropa, la lavaré mientras te aseas. Oh, ya me doy la vuelta, no he olvidado lo recatado que eres… Ya te dije que a mí, el verte, ni frío ni calor. Para cuando termines, ahí tienes la toalla y la ropa nueva que confeccioné para ti.
El brujo lo hizo como ella dijo. El agua estaba caliente, desprendía algo de vapor.
- ¿Me pasas el jabón? Olvidé cogerlo, Delia.
- ¿Y dejarás que me acerque a la bañera y todo? Huy, parece que te estás descocando, puritano- bromeó ella-. Toma, brujo.
- Geralt… Me llamo Geralt. Geralt de Rivia…
Delia le miró a los ojos, sorprendida, la pastilla de jabón aguardaba en su mano tendida a ser recogida por el asombrado brujo.
- Bonito nombre. Vaya, Geralt de Rivia, parece que realmente mejoras. Me alegro.
El brujo cogió por fin el jabón de su mano. La mirada de la curandera desmentía sus palabras, parecía afligida. Recogió la ropa del suelo y salió sin decir nada más.


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