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Antiguo 17-May-2008, 00:11   #1
Sashka
Diosa de la guerra
 
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Predeterminado Historias del brujo

De vez en cuando escribiré algún relatillo sobre Geralt. Un capricho. Si alguien se une, ya sabe. Va por tí, hermanillo, por lo bueno cas sío conmigo... Imagina que Deila soy yo.


NI FRÍO NI CALOR


La mujer caminaba mirando atentamente al suelo, buscando las extrañas hierbas medicinales que sólo se daban en aquella montaña. Portaba un zurrón atravesado en el pecho, colgando ante sus caderas, y una pequeña navaja en la mano derecha. Un siseo burbujeante hizo que levantara rápidamente la vista y mirara alrededor, adoptando una postura defensiva, pero no vio nada. Escuchó; volvió a oír el sonido y trató de discernir de dónde venía. Su origen parecía ubicarse en un grupo de árboles, entre el espeso follaje.
Sacó la espada de su funda y avanzó con cautela, pasos cortos y silenciosos, pues era aquél un bosque peligroso donde los hubiera. Quit pro quo: hierbas que ayudaban a preservar la vida y monstruos que la arrebataban.
Alcanzó las matas espinosas y miró estirando el cuello: entonces los vio, ambos malheridos, ambos yaciendo en el suelo.
La mujer saltó con agilidad el arbusto, y se dirigió en primer lugar a la kikimora. El monstruo, parecido a una araña de proporciones grotescas, agonizaba entre estertores; su respiración, ahogada en su propia sangre, producía el sonido que había despertado su cautelosa curiosidad. Levantó la espada por encima de su cabeza, la clavó profundamente en el cuerpo del monstruo y luego la arrancó. El sonido cesó de inmediato.
Limpió la hoja de la sangre negra en el suelo y la guardó en la funda en su cadera, mientras se acercaba al hombre que yacía inconsciente. Su mano flácida aún agarraba la empuñadura de una espada de plata, y del cuello de su camisa sobresalía un colgante tallado en forma de cabeza de lobo con las fauces abiertas.
Un brujo. A Deila no le gustaban los brujos.
Se arrodilló junto a él y tocó su yugular. Tal como supuso, estaba vivo. Las mutaciones a las que sometían a los brujos les hacía excepcionalmente fuertes, pues su labor consistía en combatir todo tipo de monstruos; Deila también sabía que se curaría más rápido que cualquier humano. Le examinó buscando heridas, y encontró dos: un fuerte golpe en la cabeza y una mordedura en el muslo. El veneno de la kikimora no sería un problema para el metabolismo alterado del hombre, y Deila apostó además a que antes del enfrentamiento, el brujo habría tomado algún elixir. Quedaba descartado, por ello, el administrarle cualquier antídoto sin saber la naturaleza del bebedizo que por supuesto, no iba a conocer ni aunque estuviera despierto. Tomó su barbilla e hizo girar la cabeza del hombre hacia el otro lado. La sangre manchaba los cabellos prematuramente blancos del brujo, y seguía manando del corte en la zona parietal, aunque poco ya. También salía un hilillo de sangre del oído del mismo lado, y eso no era buena señal. A fin de cuentas, la cabeza del brujo no había resultado tan dura como debiera. La kikimora, de un fuerte golpe o a resultas de estrellarlo contra un tronco, se la había partido.
Un relincho llamó su atención, e imaginó que sería el caballo del brujo. Eso ponía las cosas más fáciles. Se levantó y buscó dos ramas largas y suficientemente gruesas, algo que en un bosque no tardó en encontrar, se sacó la capa y la dispuso entre las dos ramas, usó cuerda y pronto tuvo una camilla improvisada. Luego fue en busca del caballo, fijó la camilla y montó de nuevo en dirección a su cabaña, vigilando al herido.

Cuando entró en la cabaña acarreando en sus brazos unos troncos para mantener el fuego del hogar esa noche, vio que el brujo tenía los ojos abiertos. Soltó su carga junto a la chimenea y se limpió las manos de broza contra el delantal que cubría su vestido.
- Ya has despertado…-dijo, acercándose al jergón donde estaba acostado el hombre-. No te muevas. Tienes roto el hueso de la cabeza.
El brujo no dijo nada.
- Soy Deila, curandera, y te encontré herido en el bosque. Junto a una kikimora moribunda.
-¿Dónde estoy?
- En mi casa… Ah, te refieres a… Estás en Kovir, en las montañas Dragón. ¿Acaso no recuerdas?
- No, no recuerdo.
-¿Recuerdas quién eres o tampoco?
- Tampoco.
- Vaya. Menudo golpe te llevaste, amigo. Bueno, pórtate bien y las cosas vendrán solas. Intenta descansar y, sobre todo, no te muevas.
Deila se sentó frente a la mesa y vació el morral sobre ésta. Comenzó a separar las diferentes hierbas en montoncitos, y cuando terminó las metió en frascos de cristal que tapó con tapaderas de metal.
El brujo la miraba hacer, no dormía.
Luego colocó unos troncos en la chimenea y colgó en un gancho una olla para calentar su contenido.
- Por aquí el verano sólo se nota de día. Las noches son frías, brujo. ¿Tienes hambre?
- Tengo.
- Enseguida se calentará el cocido. Espera, no trates de levantarte solo, yo te ayudo.
La curandera ofreció sus hombros al brazo de Geralt para que se sirviera de su apoyo y lo condujo hasta la mesa. Luego se afanó en traer platos, cucharas, vasos, servilletas y media hogaza de pan. Y una jarra de agua.
El brujo traía hambre. Aunque se quejara de dolor de cabeza y tocara continuamente el vendaje que Deila le pusiera, dio cuenta del cocido en un tiempo récord. Luego se bebió dos vasos de agua seguidos. Y a continuación, lo vomitó todo al suelo.
- Lo siento…- dijo el brujo, avergonzado.
- No importa, ahora lo recojo… Vamos, antes te acuesto de nuevo, no estás bien.
La mujer le acostó en el jergón con cuidado, y luego salió a la noche. Regresó con un cubo de agua y una bayeta, y comenzó a recoger el desaguisado. Geralt se sentía aún más abochornado viéndola hacer, arrodillada; sólo la mutación de sus capilares evitaba que su rostro estuviera rojo como la grana. Pero enseguida se durmió.
Se despertó varias veces, esa noche. La primera, vio a la mujer sentada frente a la mesa, con un candil y un libro sobre ésta. Leía algo atentamente, tanto que ni siquiera se percató de que él estaba despierto. La segunda, ella removía con una larga cuchara de madera el interior del caldero, que desprendía un olor acre. La tercera, le despertó ella para hacerle beber algo que sabía a rayos. Pero no se resistió y se lo bebió todo, obediente, pues entendió que gran parte de la noche se la había pasado elaborando esa medicina para él.
- Deila, tengo ganas de... Bueno, mi vejiga va a estallar si no la alivio.
- Ahora traigo el cubo. No intentes incorporarte solo, brujo, por lo que más quieras.
Delia salió y entró casi inmediatamente a la cabaña, ayudó a Geralt a ponerse de pie y aguantó el cubo para él ante sus caderas. El brujo la miró, indeciso.
- ¿Qué?- dijo ella- No voy a mirarte, si es que vacilas por escrúpulos. Oh, joder, vale, ya me pongo de cara a la pared. No tenéis precisamente fama de mojigatos, los brujos. Y va y me toca a mí la excepción de la regla… Pues a mí, sabe que ni frío ni calor.
La mujer cambió de mano el cubo y se volvió hacia la pared, del lado contrario al que encaraba Geralt. Al poco oyó el sonido de un chorro golpeando el fondo del recipiente.
- Ya está, gracias- fue el modo en que le dio a entender que había terminado. Ella dejó el cubo en el suelo y le ayudó a acostarse una vez más. Luego salió fuera, seguramente para aliviar su propia vejiga, y entró de nuevo con el cubo, que dejó en un rincón. Sacó dos mantas de un arcón y se acostó en el suelo. También por eso se sintió azorado el brujo, pero el sueño se llevó todos sus remordimientos.
Ésta vez, al despertar, ya era de día. La pequeña cabaña estaba bañada por la luz del sol que entraba a raudales por las ventanas, motitas de polvo flotaban visibles a través de los rayos. El fuego del hogar estaba casi apagado, y no había ni rastro de la curandera ni de las mantas en las que había dormido. El brujo se percató de que el dolor de cabeza era más soportable, y se levantó con cuidado. Al no sentir mareo ni debilidad ninguna, se calzó las botas y salió de la cabaña en busca de las letrinas. Oyó a Deila discutir con un hombre, y encaminó sus pasos hacia ellos.
-¡Dile a tu señor que me deje en paz!- gritaba la curandera- ¡No pienso acceder a sus deseos ni marcharme de mi casa!
El hombre vio a Geralt y frunció el ceño. Apoyó su mano enguantada en el pomo de su espada. Al brujo, eso no le gustó.
- ¿Qué ocurre, Deila?
La mujer se giró sorprendida.
- Nada… - enfrentó su mirada de nuevo al desconocido, un esbirro con buenas vestiduras jactancioso como un pavo-. Eso es todo lo que tengo que decir. Buenos días.
El hombre seguía mirando al brujo como si intentara recordar de qué le conocía. Dio dos pasos hacia atrás antes de darse la vuelta y montar en su caballo. Lo espoleó y partió al galope camino abajo.
- ¿Por qué demonios te has levantado? ¿Acaso no te dejé claro que no debías hacerlo?- regañó al brujo sin contemplaciones.
- Me encuentro mucho mejor. ¿Por qué discutías con ese hombre?- insistió él.
- Ay, brujo- suspiró ella-, todo el mundo cree que puede aprovecharse de una mujer que vive sola. Pero conmigo han pinchado hueso. Anda, volvamos a la cabaña. He de cambiarte el vendaje, y no será lo único que te cambie. Seguro que cuando te quites esa ropa, se va caminando sola al lavadero.

En la semana siguiente, el brujo mejoró bastante. Deila le quitó el vendaje y los siete puntos de la brecha, y llenó para él la bañera con agua caliente.
- Bien que necesitas un baño, brujo. Métete en la bañera y deja tu ropa, la lavaré mientras te aseas. Oh, ya me doy la vuelta, no he olvidado lo recatado que eres… Ya te dije que a mí, el verte, ni frío ni calor. Para cuando termines, ahí tienes la toalla y la ropa nueva que confeccioné para ti.
El brujo lo hizo como ella dijo. El agua estaba caliente, desprendía algo de vapor.
- ¿Me pasas el jabón? Olvidé cogerlo, Delia.
- ¿Y dejarás que me acerque a la bañera y todo? Huy, parece que te estás descocando, puritano- bromeó ella-. Toma, brujo.
- Geralt… Me llamo Geralt. Geralt de Rivia…
Delia le miró a los ojos, sorprendida, la pastilla de jabón aguardaba en su mano tendida a ser recogida por el asombrado brujo.
- Bonito nombre. Vaya, Geralt de Rivia, parece que realmente mejoras. Me alegro.
El brujo cogió por fin el jabón de su mano. La mirada de la curandera desmentía sus palabras, parecía afligida. Recogió la ropa del suelo y salió sin decir nada más.
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Última edición por Sashka; 25-Mar-2009 a las 23:29
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El siguiente Usuario da las gracias a Sashka por este Post:
Céfiro (10-Feb-2009)
Antiguo 17-May-2008, 00:57   #2
lynkx
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Por qué estas aflijida! cuenta cuenta!
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Hubo otras épocas en que viví simplemente porque necesitaba vivir. Pero ahora vivo porque soy un guerrero y porque quiero un día estar en la compañía de Aquel por quien tanto luché.
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Antiguo 17-May-2008, 19:00   #3
Sashka
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Ahhhhhhhhhhh! Se me ha ocurrido meter a los asíduos del foro en mi relatoooooooooo! Si salgo yo, pues también podéis salir los demás... Hum, puerde ser gracioso, jejejjejeAquí vienen los primeroooooos, ¿quiénes serán?

Por la tarde, Deila quiso bajar al pueblo, Gynvael, a por varios artículos que andaban escasos. Geralt se ofreció a llevarla en Sardinilla, su caballo. Ella aceptó.
El pueblo era pequeño, pero su mercado era famoso por esos lares. Comerciantes de todo Kovir se daban cita los jueves en la Plaza de Greyden, donde se congregaba un laberinto de puestos ambulantes con productos de todos los Reinos de Norte.
Deila, montada a la trasera de Geralt, indicó al brujo un establo donde conducir a Sardinilla, pues no faltaban en tales aglomeraciones pícaros aficionados a quedarse con lo ajeno, incluidos los caballos dejados en cualquier poste.
- ¡Alabados sean los dioses, señá curandera!- dijo el caballerizo, un hombre al que le faltaban la mitad de los dientes, mientras ambos desmontaban.
- Alabados sean, Pablo. Me preguntaba si nos guardarías el caballo mientras voy a unos recados…
- Ya lo creo, y ni un real he de cobraile a vuesa merced. Pos no me se ha de olvidar que cura a mi hijo le disteis, señá curandera. Vaya, vaya tranquila a esos mandaos, que yo le guardo el caballo y hasta grano le daré.
- Muchísimas gracias, Pablo. Vamos, Geralt.
El mercado era un mar de cuerpos moviéndose como zombis, tenderetes de telas de vivos colores y bullicio, gritos de los vendedores y de algunas mujeres peleándose por las tandas, los géneros o simples ganas de bulla. El brujo dudó un momento si sumergirse en aquella locura o no; Deila tomó su mano, riéndose de sus reservas, y lo arrastró con ella por los pasillos atestados.
Compró un montón de cosas, desde comestibles a gruesa tela de paño marrón, soportando empujones, vigilando la bolsa del dinero, sudando al sol que caía en la plaza. Geralt cargaba con las mercancías, agobiado y con unas enormes ganas de acabar de una vez. Deila se detuvo ante dos muchachas con poca y vistosa ropa que terminaban un número circense con antorchas encendidas. Unas pocas monedas tintinearon al caer dentro de una redoma de metal ya muy maltrecha.
- Hola, Deila- la saludaron, mientras apagaban los fuegos en el suelo.
Luego dejaron caer las antorchas y se acercaron a ellos, el corro de gente comenzó a desfilar a paso de zombi.
- Erys, Céfiro, os presento a Geralt de Rivia.
El brujo se inclinó un poco a modo de saludo, intentando disimular el fastidio que sentía por aquella parada cuando estaba deseando salir de aquel maldito mercado. Ellas se acercaron al brujo y le plantaron un beso en cada mejilla, dejándole pasmado. Luego centraron su atención en la curandera.
- Ándate con cuidado, Deila. No te quieren bien por aquí, y no me refiero a los aldeanos…- dijo Erys.
- Gracias precisamente a los aldeanos, que tienen en gran estima los servicios que les prestas, no han tomado mayores medidas contra ti- añadió Céfiro-. Si lo hicieran, la turba sería capaz de quemar el castillo con su señor dentro, y lo saben.
- Con vosotras dos a la cabeza, si se trata de dar candela…- bromeó Deila.
- Por supuesto. Si hay fuego por medio, abrazamos la causa.
-Gracias por el aviso, amigas. Debemos irnos ya. Hasta la vista- se despidió la curandera.
- Adiós, Deila, adiós, Geralt- respondieron ellas. Geralt soportó otro par de besos de las muchachas.
Se mezclaron de nuevo en la marea humana, lenta, desquiciante, pestilente.
- ¿Qué es lo que ocurre, Deila?- preguntó el brujo acercándose a su oreja, para hacerse oír por encima de los gritos de los mercaderes.- ¿Quién te quiere mal?
- Te lo explicaré, brujo, pero no aquí. Vamos, la salida de la plaza está cerca. Y, si eres capaz de cambiar inmediatamente esa expresión de fastidio, te invitaré a una cerveza fresca en la taberna del pueblo.
Geralt cambió inmediatamente la expresión de fastidio, deseando trasegar cualquier cosa que refrescara su reseca garganta.

Bastante avanzados ya en el trayecto hacia la cabaña, Deila, mirando por encima del hombro que no cruzaba la espada del brujo, vio humo por encima de los árboles. Una sensación de desasosiego la embargó.
- Geralt, veo humo… ¿Pudieras, tal vez, azuzar a Sardinilla?
El brujo miró al cielo y no le gustó lo que vio.
- Puedo- dijo escuetamente mientras golpeaba los flancos del caballo con sus talones.
Al acercarse a la cabaña, ésta ardía por una esquina, mientras un grupo de elfos del bosque luchaban contra las llamas con cubos de agua y ramas. El brujo saltó del caballo y se acercó a la casa. Las llamas aún no habían alcanzado un tamaño preocupante.
- Apartaos de aquí- les dijo a los elfos.
Geralt trazó con su mano derecha la Señal de Aard, y al momento un viento fortísimo asfixió las llamas. Los restos fueron apagados con cubos de agua por los elfos del bosque.
- Gracias, Kognar- dijo la curandera a un hermoso elfo de cabellos castaños, recogidos algunos en una coleta muy alta sujeta con una cinta de cuero marrón. A pesar de la notable belleza del elfo, su aspecto y su expresión pertenecían a un aguerrido guerrero.
Luego se volvió hacia dos elfas, una de cabellos negros y otra de cabellos tan blancos como los del brujo.
- Y gracias a vosotras, Dark, Tundra… ¿Qué ha ocurrido?
- Un sabotaje, sin duda- dijo el bello elfo- . Ha sido el destino que justo nos llegásemos en busca de tus conocimientos. Un solo jinete vimos salir a la desbandada, sospechosamente. Y luego, el humo…
- Sabían que no estabas en la cabaña- dijo el brujo-. Luego te vigilan.
- Eso ya lo sé- dijo Deila-. Pero nunca antes se habían atrevido a actuar más allá de las amenazas…
- Tendrás que someterte al señor, Deila- dijo Dark, la elfa del pelo blanco- O pedir ayuda. No tienes porqué pasar por ello, si tú quisieras…
- Pero no quiero, Dark. No quiero y punto. Ni lo uno ni lo otro. Ya veremos lo que pasa.
- La verdad, no te entendemos- insistió Kognar-. Dark tiene razón, si tu hermano se enterase…
- Os he dicho que no. Mi hermano y yo discutimos, no correré ahora a humillarme pidiendo ayuda. He de solucionar esto yo sola.
- ¿Estás loca? ¿Cómo vas a hacerlo?- se exclamó Tundra, la elfa de negros cabellos.
Deila suspiró y miró a sus pies, abatida. Luego levantó la mirada hacia el brujo, que la observaba, escuchaba y no decía nada.
- Creo que empiezo a tener una ligera idea. Y ahora, entrad. Habéis venido en busca de mi saber, no a enmarañar mis pensamientos.
Y entró en la cabaña con pasos firmes y malhumorados.
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Antiguo 19-May-2008, 00:16   #4
Sashka
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Deila guardaba los botes de hierbas en las estanterías de la alacena, mientras Geralt encendía la chimenea. Los elfos se habían marchado con sus remedios contra la disentería cuando ya había caído la fría noche de las montañas.
Desde el incidente del incendio, la mujer parecía taciturna y ausente, perdida en sus pensamientos. Geralt respetó su reserva con esfuerzo, pues ardía en deseos de saber qué demonios ocurría, qué amenaza se cernía sobre su benefactora. El brujo era, ante todo, una persona agradecida que se implicaba en ayuda de aquéllos a quienes apreciaba. Y a estas alturas, no podía negar que apreciaba a la curandera, amén de deberle un gran favor. Cuando el fuego hubo prendido, el brujo se acercó a Deila.
- Hoy cenaremos embutidos, queso y pan, si no te importa. No tengo ganas de cocinar- le dijo ella con tono cansado.
- No me importa la cena. Me importa, sin embargo, la preocupación de tu mirada. ¿Qué te pasa?
- Dos cosas. Una no te incumbe, y la otra… Ven, siéntate, quiero hablar contigo.
Deila condujo a Geralt junto a la mesa, y ambos tomaron asiento, uno frente al otro, en dos sillas.
- Empiezas a recordar, brujo. Hoy has recordado cómo se hace una Señal, y… Oye, no te ofendas, no te enfades por lo que voy a decirte. Tal vez no lo recuerdes, pero…sé quien eres. Tu nombre está atado a un terrible mote, Geralt. Sólo que ahora que te conozco, que he convivido contigo, yo ya no… no puedo creerlo. ¿Te dice algo “el carnicero de Blaviken”?
Geralt recordó al momento. Córvida. El ultimátum tridamo. Su salida de Blaviken entre piedras que se estrellaban contra el escudo de la Señal que conjuró, lanzadas precisamente por aquéllos idiotas a quienes había salvado de una masacre. Miró a Deila a los ojos, dolido.
- Elegí el mal menor. Por lo visto, fue una mala decisión. No debí haberme inmiscuido, al fin y al cabo, no era mi pellejo el que estaba amenazado. ¿Por qué me preguntas eso?¿Es que te doy miedo, Deila?
- Qué tontería… No, no me das ni pizca de miedo. Al menos de momento. Sólo que, me preguntaba, si tú… si tú siempre has sido así, como ahora, o esto cambiaría en cuanto recordases.
El brujo seguía mirándola ceñudo.
- ¿Y qué crees tú?
Ella le miró, turbada y empezando a enrojecer sin aparente motivo. De improviso, como si acabara de tomar una resolución, se impulsó hacia delante y besó torpemente al brujo en los labios. Él, pillado por sorpresa, tardó unos segundos en devolverle el beso.
- Ahora ya sabes lo que creo- dijo ella al separarse, aún más turbada, sus mejillas ardiendo de un rojo subido.
El brujo no dijo nada, la miraba sin saber muy bien cómo actuar a continuación. Ella se tomó su confusión como otra cosa.
- Perdona, sin duda… sin duda me he pasado de la raya… Me había olvidado de lo mojigato que eres.
Deila se puso en pie, desencajada y con aspecto de no saber dónde meterse, y dio dos pasos hacia la alacena. Pero el brujo también se levantó, la cogió de la muñeca y la atrajo hacia sí de un tirón. La curandera se encontró en sus brazos, pegada a su cuerpo, y al levantar la cabeza halló unos labios buscando los suyos. Y después de ese beso, vinieron más.
En la cabaña, sólo el crepitar de las llamas y el suave roce de las caricias rompía el silencio; y luego unos pasos, arrastrados, hasta el jergón de la esquina. Se podía oír el sonido de los besos, de la ropa cayendo descuidadamente al suelo, del roce de las sábanas contra dos cuerpos.
Ella se dejaba llevar por la experiencia del brujo, que la sumergió en un mundo de sensaciones totalmente nuevo. Recorría su cuerpo con manos hábiles y tiernas, la besaba haciendo que su piel se estremeciera, respondía a sus caricias con nuevas caricias que elevaban todavía más el grado de su excitación. Luego, cuando él entró en ella, Deila sintió una punzada de dolor y se revolvió, tensa, pero el brujo la tranquilizó con besos y nuevas caricias, que hicieron que de nuevo se relajara, y comenzó a moverse suave, delicadamente, hasta que ya no hubo resistencia ni dolor.
El silencio quedó roto definitivamente por palabras susurradas, suspiros y jadeos, ella se aferraba a él y él a ella, juntos, unidos en ese momento tan íntimo con las miradas entrelazadas, las manos entrelazadas y las almas entrelazadas. Mucho más tarde aún, regresó la calma. El brujo se tendió a su lado, aún jadeante, y ella le miró sabiendo que era él, que siempre sería él, que nunca habría nadie más. Estaba enamorada.

- Deila, no me has contado qué problema hay contigo- dijo el brujo, yaciendo boca arriba con su brazo alrededor de la mujer, que se apretaba contra su torso y acariciaba su pecho con un dedo-. Cuéntamelo, por favor.
Ella se incorporó un poco y puso su brazo en ángulo recto sobre la almohada, apoyando en él la cabeza.
- Yo tocaba unicornios, Geralt. Los unicornios se acercaban a mí, e incluso dejaban que les arrancara algún pelo, si lo necesitaba para una cura. El señor de Rakverelin, el terrateniente que manda aquí en representación del rey, se enteró. Es un gran cazador, si es que el matar animales a sangre fría puede hacerle a uno grande… Y colecciona sus cabezas, que exhibe colgadas en el gran salón de su alcázar.
- ¿Quieres decir que intenta obligarte a ayudarle a cazar un unicornio?- le preguntó el brujo, asombrado.
- Sí, eso pretendía. Por supuesto, siempre me he negado. Nunca me he tomado demasiado en serio sus amenazas. Pero parece que se está impacientando… Estallará de ira cuando se entere de que ya no le sirvo. Ahora, el problema ya no es tal.
- No te entiendo…
- Qué corto eres a veces, brujo… ¿Sabes al menos la relación entre los unicornios y las muchachas… hum… vírgenes?
El brujo asintió con la cabeza.
- Geralt, ¿te has dado cuenta de… bueno, que yo…?
- Si, Deila, me he dado cuenta.
- ¡Pues eso, brujo, que ya no volveré a ver unicornios! Ahora, aunque quisiera, no puedo ayudarle. Tendrá que meterse sus amenazas por donde le quepan.
- Un momento… ¿Acaso me has utilizado? ¿Era esto la ligera idea que tenías para librarte de todo eso, tal como le dijiste al elfo?- se enojó el brujo.
- No, no te he utilizado. Sí, Geralt, esto era la idea. Pero no para librarme de la amenaza, aunque es un beneficio colateral. Si mi propósito hubiera sido ése en exclusiva, me hubiera servido cualquiera. Y eso precisamente, brujo, era lo que no estaba dispuesta a sacrificar por el capricho de un señoritango. Es mi privilegio. Ese era mi privilegio, al que no quería renunciar. El de todas las mujeres, Geralt, ofrecerlo en el momento en que queramos y a quien queramos. Hoy, y no antes, he elegido; porque hoy, y no antes, he encontrado a alguien… por quien siento algo… y que me pareció digno.
El brujo fue a decir algo, pero ella le acalló depositando dos dedos sobre sus labios.
- No digas nada, no ahora. No lo estropees.
Después, retiró los dedos y acercó sus labios a la boca del brujo, y le besó. Unos golpes en la puerta les sobresaltó, y Deila se levantó como un resorte y se puso el vestido a una velocidad vertiginosa.
-¡Voy!- gritó mientras se terminaba de vestir.
Abrió la puerta y se encontró cara a cara con una muchacha que se envolvía en una gruesa capa.
- Buenas noches, Deila- saludó, algo cohibida.
- Buenas noches, Neguema. ¿Qué ocurre?
- ¡Ay, collons, que mi hermana se ha puesto de parto! Mi madre me ha enviado a por ti…
- Deja que termine de arreglarme. Espera aquí.
La curandera cerró la puerta y corrió a ordenar mínimamente su cabello rizado, cogió el morral que siempre tenía preparado y se puso una capa. Luego se acercó al brujo, que yacía en la cama observándola.
- ¿Puedes dejarme a Sardinilla?
-Claro, cógelo. ¿Quieres que te acompañe?-se ofreció.
- No, no. Seguro que va para largo. No se te ocurra esperarme despierto.
Luego salió deprisa y cerró la puerta.
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Última edición por Sashka; 25-May-2008 a las 17:24
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Antiguo 19-May-2008, 21:45   #5
Céfiro
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Uoh, uoh! Que chula!
Síguela síguela, que está muy interesante.

- Por supuesto. Si hay fuego por medio, abrazamos la causa. (eso me ha encantado xD)

Ah Sashka, vas a meter a tu hermanillo en la story?
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...Inseparable de la naturaleza
Céfiro está desconectado   Responder Citando
Antiguo 19-May-2008, 21:48   #6
Sashka
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Pos claaaaaaaaaaarooooooooooooo
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Antiguo 19-May-2008, 23:00   #7
Erys
Quemadora de Coches
 
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Me encanta *_*
pedazo de historia si señor oleee oleee!!!
q bonita la parte romantica y lo del fuego vaaa a mi tmb me a encantao!!
sigue sashka siguee!!!
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Que la mierda os acompañe ;)
Caballero conquistemos nuestras tierras, agámoslas libres y sin corrupción. Conquistemos Vantria, Knouls.
Lynkx que estas en los mundos de yupi, santificado sea tu nik, venga a los dragones tus seguidores, agase tu mandato tanto en yoluslandia como en los mundos de yupi, danos nuestra paga, perdona nuestras blasfemias como tmb nosotros perdonamos a los q nos qeman el coche, no nos dejes caer en luxulandia libranos de los herejes, Amen

Cef-Erys = Jinete y Dragón
Dicen que es muy rápida, casi inalcanzable...Erys La Perla Negra:headbang::violent5:
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Antiguo 19-May-2008, 23:30   #8
Sashka
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El bebé berreaba enfadado, llenando de alegría la concurrida casa. Después de cortar el cordón umbilical, la curandera limpió al recién nacido con una toalla, lo envolvió con un arrullo y lo entregó a Neguema mientras volvía con la madre.
- Has sido una estupenda enfermera, Neguema- le dijo a la atribulada joven, que salía ya por la puerta para enseñar al nuevo miembro al resto de la familia.
- Bueno, esto ya está. Guarda cama hoy, y no te duermas. Vigila que no sangres mucho, si es así, que me busquen inmediatamente.
Deila se acercó a la palangana y comenzó a lavarse los brazos. Fuera, en el comedor, se oyó un extraño tumulto, y la puerta del dormitorio se abrió bruscamente. Dos soldados irrumpieron, haciendo caso omiso a los gritos de protesta y empujones de la familia.
- Acompáñanos, curandera. Órdenes de Don Robert de Rakverelin.
- ¿Y si me niego?- les preguntó, altiva.
El soldado levantó el brazo y le asestó una fuerte bofetada con el revés de su mano enguantada. Ella sintió el calor de la sangre deslizándose por su nariz, se la limpió con los dedos y la miró con ira. Luego miró al soldado.
- Tienes suerte de que ésta no es mi casa, hijo de puta. No vuelvas a tocarme.
- ¡Ésta vez no hay cuartel, que lo entiendas!- le gritó con malos modos el soldado.
A empujones, la sacaron de la habitación. Al pasar junto a Neguema, que apretaba al bebé contra su cuerpo, Deila la miró con ojos suplicantes.
- Devuelve el caballo…
-¡Calla y camina, mujer!
Pero Neguema había entendido.

Geralt oyó relinchar a Sardinilla y estiró el cuello para mirar por la ventana frente a la que estaba sentado, desayunando. Una figura encapuchada saltó del caballo y corrió hacia la puerta. No le hizo falta picar, pues el brujo la abrió antes de que levantara siquiera el puño.
- Señor…- dijo Neguema, alterada-. Se la han llevado, los soldados del alcázar, y le pegaron, señor…Me mandó a avisarle…
- ¿Se han llevado a Deila? ¿A dónde?
- Seguro que al alcázar de Rakverelin…
Geralt corrió a por su espada de acero, se escondió un puñal en la caña de la bota y salió afuera. Montó de un salto en Sardinilla y tomó las riendas. La muchacha se acercó y las aferró, impidiendo su partida.
-¡Señor! ¡No vaya usted solo! Debe avisar a los elfos… Los elfos, ellos saben… Por el camino del bosque, unas cuatro millas, veréis a los vigías… Preguntad por Kognar.
- ¿Los elfos? Bastantes problemas tienen ya como para meterse en más, y en el alcázar…
- ¡Hacedme caso, por los dioses! Ellos pueden ayudar mucho más de lo que creéis.
El brujo la miró a los ojos mientras reflexionaba en sus palabras. Decidió hacerle caso, y asintió con la cabeza. La muchacha soltó las riendas y se apartó del caballo, que salió disparado hacia el camino del bosque.

Los elfos le vieron a él antes. Geralt detuvo el caballo ante la amenaza de los arcos apuntándole directamente al pecho.
- Busco a Kognar- les dijo-. Decidle que el señor de Rakvelerin se ha llevado a la curandera con violencia.
Los elfos bajaron los arcos, y uno de ellos corrió hacia la espesura. No tardó en volver, acompañado de Kognar y las dos elfas que el brujo había visto con él la tarde anterior. Cuando estuvieron cerca, Geralt bajó del caballo.
- Bienhallado, brujo- le saludó Kognar.
- Saludos. Vengo a por ayuda para Deila.
- Al final ha ocurrido. Se lo advertimos, pero es tan terca…- dijo Dark, la elfa de cabellos blancos.
- No hay que esperar más- añadió Tundra, moviendo sus negros cabellos en una negación-. Avisémosle. Lynkx debe saberlo, sólo él puede pararle los pies a don Robert…
- Estoy de acuerdo. Aunque, probablemente, cuando ella sepa que le hemos avisado nosotros, nos correrá a ostias por todo el bosque- sentenció Kognar.
- ¿Avisar a quién? ¿De qué coño habláis?- explotó el brujo.
- De su hermano, príncipe de Caingorn. Deila es, en realidad, una princesa. Rebelde de la leche, pero princesa. Lynkx de Caingorn y ella discutieron, y ella dejó el reino.
- ¿Y estáis seguros de que acudirá, si ni siquiera se hablan?- desconfió el brujo.
- Pues claro. Es su única hermana. Y con gusto le dará de patadas en el culo a don Robert; por lo que sé, le cae fatal- se rió Dark.
__________________
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Última edición por Sashka; 20-May-2008 a las 00:13
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Antiguo 20-May-2008, 09:22   #9
Mablung
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jJJJEJJEJEJEJEJ. Ha estao mu currá Sashka.
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Maybe tomorrow I'll find my Way.
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Antiguo 20-May-2008, 12:32   #10
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Pero no nos dejes así!!!!

Terminala que estoy con mono de Geralt!!

Hecho de menos a Jaskier también...

Muy bueno hasta ahora!
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Nos vemos luego, cocodrilo.

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