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Cimmerio
Fecha de Ingreso: 30-January-2010
Ubicación: Un pueblecito de Córdoba llamado Hinojosa del Duque
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Prólogo
Albinio el Blanco, Archimago de la Torre Flotante y probablemente el hechicero más poderoso del mundo, observó con impotencia cómo la daga se cernía sobre su pecho hasta hundírsele en el corazón. Quedó asombrado ante la traición de Nentres, el muchacho al que había enseñado durante casi dos años y al que había tratado como a un hijo, pese a ser un simple aprendiz como otro cualquiera. Nentres era un muchacho escuálido, de piel muy pálida, cabello negro y lacio, nariz aguileña y mirada penetrante. El joven se apartó instintivamente del que había sido su maestro y se ocultó tras la estantería más cercana, asustado al comprobar que Albinio no se desplomaba en el suelo a causa de la herida mortal. ¿Acaso había descubierto el secreto de la inmortalidad? El anciano observó a su pupilo durante unos segundos, con una mezcla de curiosidad y confusión. ¿Por qué el aprendiz le había traicionado? ¿Por qué Nentres había matado al único hombre que había sentido algún tipo de afecto por él en toda su vida? ¿Por qué había acabado con la vida del hombre que siempre le había defendido de los insultos de sus compañeros? Albinio nunca obtuvo la respuesta, porque en ese momento se desplomó hacia delante, contra en el suelo, con expresión de agonía y dolor en su anciano y barbudo rostro. Quedó inmóvil, con los ojos abiertos de par en par, observando al aprendiz traidor con aquella mirada sin expresión. Sólo entonces, Nentres surgió tras la estantería y se acercó al cadáver de su maestro con pasos sigilosos. Tal vez el Archimago sólo estuviese fingiendo… Asustado por semejante idea, Nentres se arrodilló junto al cuerpo de Albinio y lo degolló con una pequeña cuchilla fabricada con el caparazón de un escarabajo verde gigante, y que el propio Albinio le había regalado tiempo atrás. Sólo entonces, el aprendiz le arrancó de un tirón el collar que llevaba en torno al cuello y en el cuál portaba una gema de color cristalino. El anciano mago no opuso resistencia. Estaba muerto. Nentres había acabado con su vida… Sin embargo, el joven no sintió ningún remordimiento. De hecho, se sentía libre de ataduras. Tomó la gema en sus manos y comenzó a reír a carcajadas. Por fin, por fin tenía lo que tanto había deseado. Nentres cerró su famélico puño en torno a la gema y dijo con su voz fría como el hielo: —Quiero poder. La gema se iluminó, y el joven Nentres sintió como si dentro de él se hubiera liberado un sello que siempre había estado en su cuerpo, y que le había impedido llevar una vida de mago normal. Durante unos segundos, Nentres sintió la magia de la gema fluyendo por todo su cuerpo, y supo que lo había conseguido. El aprendiz, satisfecho, se metió la gema en el bolsillo de su túnica. —Magia…—murmuró Nentres, con una sonrisa en sus finos labios, y pronunció unas palabras en lenguaje arcano. De las delgadas manos del aprendiz brotaron dos bolas de fuego que impactaron contra una de las estanterías del estudio, y ésta comenzó a arder con rapidez. Aquella era la primera vez que lograba realizar un hechizo. El joven aprendiz meditó sus posibilidades. Ahora que Albinio había sido asesinado, elegirían como nuevo Archimago al hermano menor de Albinio, que iniciaría una persecución contra Nentres con el fin de capturarlo, para de ese modo, hacerle pagar por sus crímenes. Ya no tenía sentido quedarse en la Torre Flotante... Debía marchar al mundo exterior y encontrar un nuevo hogar. Para él y para la gema. Nadie volvería a recordar nunca más a Nentres como el aprendiz de mago fracasado que había sido. Última edición por Orco Escritor; 14-Jul-2010 a las 16:25 |
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#2 |
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Dios del foro
Fecha de Ingreso: 14-October-2008
Ubicación: en un futuro cercano
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Agradecido 233 Veces en 153 Posts
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Me gustó Orco. Sobre todo que Nentres sea un personaje...oscuro se puede decir?
En fin, buena ortografía, frases precisas que facilitan la lectura. Animo y espero el primer capitulo. |
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Mago total
Fecha de Ingreso: 30-May-2009
Ubicación: Bajo mi árbol...escuchando el río.
Mensajes: 745
Gracias: 65
Agradecido 111 Veces en 97 Posts
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Me ha gustado bastante. Es un relato algo típico, torres de magos, malos malosos, gemas con poderes, etc...pero aún así estuvo bien hecho. De todas formas intenta que los diálogos o los comentarios sean más extensos, le dará riqueza al texto ^^.
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La inteligencia sin ambición es como un pájaro sin alas “La infantería española nunca retrocede, da media vuelta y sigue avanzando.” |
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Salido del Foro
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Me ha gustado, aunque quizá echo en falta algo más de descripción en lo que se refiere al momento de la muerte, y creo que te precipitas algo al meter los nombres en el relato, aunque tan sólo es mi opinión.
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| El siguiente Usuario da las gracias a Dúrilan por este Post: | Orco Escritor (02-Feb-2010) |
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Fabricante de ideas
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en cuanto a ortografía está bastante bien, excepto por esto:
Cita:
![]() Y sí, la historia es la típica. Pero recién es el principio, quizás se vayan descubriendo cosas nuevas. Te recomiendo que intentes darle tu propio estilo al texto, que trates de ponerle tu sello. Los magos podrían tener características especiales que los magos de la cultura popular no tienen, o en ese mundo podrían haber unos dioses que decidan la muerte de una especie por siglo y ahora le tocó a los humanos, ¡qué sé yo! Lo más importante de una obra es darle originalidad, recuérdalo chico .
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Mago mercenario
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A mí me ha gustado, sobre todo la juventud del relato, el movimiento activo. Quizás deberías darle un poco más de relleno, como dice Dúri, a la muerte de Albinio; pero mu chulo ^^
Sólo no me gustó esto: "Ahora que Albinio había muerto asesinado" Quizás molaría más "Ahora que Albinio había sido asesinado" No sé, muerto y asesinado... redunda. |
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| El siguiente Usuario da las gracias a Guardián del Bosque por este Post: | Orco Escritor (02-Feb-2010) |
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Cimmerio
Fecha de Ingreso: 30-January-2010
Ubicación: Un pueblecito de Córdoba llamado Hinojosa del Duque
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Aquí está el primer capitulo de mi libro. Gracias a todos por vuestras críticas.
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#8 |
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Cimmerio
Fecha de Ingreso: 30-January-2010
Ubicación: Un pueblecito de Córdoba llamado Hinojosa del Duque
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Devoción
Esta palabra explica nuestra entrega a una persona, oficio o imagen. El poeta siente devoción por el mentor que le ha inspirado, y en el cuál quiere convertirse algún día. También es devoción la de un herrero, trabajando día a día en la fragua, mientras golpea el yunque con su martillo. Sin embargo, mi devoción es muy distinta. Soy un monje de Éol, el Creador. Dedico mi vida a rezarle plegarias junto a mis numerosos hermanos, y él envía su bendición a aquellos monjes cuya devoción supere a la de los demás. A aquellos que se entregan al máximo. Pero la devoción religiosa sólo es una máscara que oculta lo que realmente somos. ¿Cómo va a mandar Éol su bendición a una persona que no ama a sus iguales, por muy devota que sea? ¿De qué sirve que un monje tenga devoción si no entrega sus bienes a los más desfavorecidos? Tener devoción no nos hace mejores personas. La mayoría de los feligreses que acuden a la iglesia todos los sábados y domingos no tienen verdadera devoción, simplemente ocultan lo que realmente son bajo un sutil disfraz. Nadie puede negar tampoco que los fanáticos que creen en el Oscuro tienen devoción, ya que la demuestran sacrificando a personas en el nombre de su dios sin ningún tipo de remordimiento; y pese a la devoción, no son buenas personas. Quiero pensar que para los dioses lo importante no es la devoción, sino la naturaleza de nuestros propios actos. ÓRGAHM Capítulo I Órgahm A varios kilómetros de la aldea de Brasdby, se halla el convento milenario de Jorge el Matadragones, en honor al Creador, Éol. El monasterio está asentado sobre una pequeña colina, en la que según la tradición, un caballero llamado Jorge acabó con un dragón rojo para liberar a una doncella cautiva. Un prado verde y fértil rodea la colina, y su parte trasera es bordeada por un pequeño bosque, tras el cuál se alza un conocido monte, el Monte del Aquelarre. Una calzada de piedra conecta el convento con la aldea. En el lado izquierdo al camino se encuentran grandes rocas que explican la historia del convento y de su fundador. Muchos peregrinos viajan a este monasterio para recibir la bendición de los monjes y poder contemplar la espada, hecha fragmentos, que Jorge el Matadragones usase en su batalla. Y éste es el lugar donde comienza nuestra historia... Una noche de otoño, el viento azotaba sin piedad los árboles, que ondeaban como si fueran banderas. Una alta figura encapuchada y vestida con ropas pobres de color pardo avanzaba por la calzada hacia el monasterio, apoyándose en una vara de madera y llevando entre sus brazos un bulto envuelto en sábanas. El desconocido avanzó hasta llegar ante la doble puerta del priorato y dejó el bulto cuidadosamente en el suelo. Entre las sábanas se asomaba la carita de un bebé de pocos días, con el cabello negro y alborotado y los ojos marrones. En torno al cuello del niño pendía una extraña gema de color cristalino. El bebé observaba intrigado al extraño hombre de ojos dorados que tenía enfrente. —No me mires así—le pidió el encapuchado al bebé, con voz apenada—. Sabes que esto me duele tanto como a ti, pero es tu única oportunidad de sobrevivir. No puedo hacer otra cosa que abandonarte aquí, lo siento…—el bebé observó, sonriente, al encapuchado—. Volveremos a vernos tarde o temprano, no te preocupes. Los monjes te cuidarán mejor que yo—el encapuchado golpeó fuertemente la puerta del convento con los nudillos. Después se agachó y besó al bebé, tras lo cual le dijo—: En ti alienta un espíritu noble, no lo eches a perder, hijo mío… Y dicho esto, el desconocido se alejó caminando por la calzada, hacia Brasdby, con los ojos llenos de lágrimas. Apenas se había alejado veinte metros cuando oyó un grito a sus espaldas, seguido de los llantos del bebé: — ¡Eh, vuelve! ¡Sé que has abandonado a esta criatura! El encapuchado volvió la vista atrás rápidamente y vio saliendo del monasterio a un fraile de unos treinta y cinco años, con el cabello negro pero calvo en la coronilla, tenía la barba recortada y mirada sagaz. El fraile había cogido al bebé en brazos y corría hacia el desconocido con el rostro lleno de ira. Aquel monje era Fray Károl, el ambicioso subprior del monasterio, un hombre cuya palabra sólo se atrevía a cuestionar el anciano prior Pedro. Károl solía ser amable, generoso y simpático en su vida cotidiana, pero cuando observaba a cualquier persona cometer una mala acción, demostraba tener muy mal genio y no ser nada piadoso. Sin embargo, cuando el encapuchado volvió su rostro hacia Károl, el monje se sintió intimidado por aquellos enormes ojos dorados y no pudo añadir ni una sola palabra. —El niño se llama Órgahm—añadió el encapuchado, con cierto tono nostálgico—. Cuídalo por mí. Károl iba a replicar que nunca toleraría que nadie abandonase a ningún niño, pero entonces, hubo un cegador destello que parecía provenir de la vara de madera del encapuchado, y el monje cerró instintivamente los ojos. El llanto del bebé se prolongó mientras se produjo el destello, pero cuando todo terminó, la criatura se quedó muy callada, asustada por el absoluto silencio. Cuando Károl abrió los ojos, el desconocido había desaparecido sin dejar ni rastro. El monje comprendió de pronto que se había encontrado con un enviado de los dioses y que debía de cuidar al bebé, pues debía estar destinado a grandes cosas. —Curiosa manera de llegar al monasterio, jovencito…—murmuró Károl, meciendo al pequeño Órgahm, mientras entraba en el monasterio—. ¿Podré hacer de ti un monje de Éol? ¿Mi sucesor?—el bebé bostezó, y Károl sonrió. Un pastor siempre debía cuidar de todas sus ovejas, especialmente de las más débiles—. Bueno, sólo el tiempo lo dirá… — ¡Un bebé en el monasterio!—exclamó el Prior Pedro cuando Károl le contó lo ocurrido la pasada noche—. No podemos hacernos cargo de él, lo siento, hermano Károl. Cierto es que tenemos huérfanos en el convento y les instruimos para que se conviertan en monjes como nosotros… Pero éste niño, Órgahm o como se llame, es diferente, lo noto… ¡Y esa extraña gema…! ¡Podrían ser cosas del Oscuro! Los veinte monjes del monasterio se encontraban reunidos en una enorme sala circular con las paredes y el suelo de piedra, y una enorme mesa rectangular en el centro, alrededor de la cuál se sentaban los monjes. La extraña gema había sido depositada en el centro de la mesa, y sólo Károl había tenido el valor suficiente de tocarla. El prior Pedro, la máxima autoridad del monasterio presidía la reunión, sentado en el centro. Era un hombre de unos sesenta años, ancho de espaldas, pelo canoso, nariz aplastada y con una expresión eterna de seriedad. No era un mal hombre, algo orgulloso y excesivamente devoto tal vez, pero con un gran sentido de la justicia. —¿Le parece que este niño es el Oscuro?—le respondió Károl al prior, y le señaló al niño, dormido en brazos de uno de los monjes, Fray Bernardo el cocinero, un hombre de mediana edad, de rostro sonrosado y cuerpo más bien rechoncho. —El mal suele entrar en el mundo bajo la forma más hermosa que puedas imaginar—sermoneó el prior Pedro, después observó al bebé dormido y añadió—: No, no creo que esa diminuta criatura sea demoníaca. Sin embargo, la gema… —¡Podría guardarla yo!—escucharon decir a una voz chillona tras las espaldas de Bernardo. Todos se asomaron para ver a un monje menudo, de pelo rojizo y mirada nerviosa. El monje se frotaba sus sudorosas manos. Era Fray Timothy, el tesorero del monasterio. Era de la clase de hombre que pensaba que los monjes debían entregar todas sus riquezas, hacer continuos ayunos, instaurar varias horas de rezo al día para todo el mundo y si era necesario, flagelarse ellos mismos para purificar sus pecados. En otras palabras, era el monje que le caía mal a todo el mundo por su casi fanática devoción, y que además tenía fama de robar el dinero del cepillo del monasterio y se rumoreaba que tenía algunos negocios turbulentos en la aldea. —Gracias por tu propuesta, hermano Timothy—indicó el prior Pedro, sin disimular la repulsión que le provocaba el tesorero—. Pero me parece mucho más sensato deshacernos de ella… —No creo que esa gema esté relacionada con la brujería—intervino Károl, sin alzar la voz—. De hecho, creo que se trata de una especie de amuleto protector que podría ayudarnos a encontrar a sus padres. —Puede que lleves razón, o puede que no—contestó el prior Pedro, observando pensativo la misteriosa gema sobre la mesa. Tras varios segundos, añadió—: Pero en caso de que la gema o el muchacho se queden en el monasterio, te convertirás en su único responsable. Si la gema resulta ser un objeto maligno, tú serás culpable por haberla traído al monasterio. —Entonces, ¿Puedo quedarme al bebé?—preguntó Károl, entusiasmado. —Sí, puedes quedártelo—afirmó el prior Pedro y añadió con tono severo—: No obstante, puede que sus padres aún estén en Brasdby, por lo que irás con el hermano Bernardo y el hermano Timothy y tratareis de averiguar dónde podrían encontrarse los padres de la criatura. Károl tomó al pequeño Órgahm en brazos y se dirigió en silencio hacia la puerta de la sala, junto a los dos monjes a los que el prior Pedro había nombrado. Entonces, Fray Károl se volvió hacia el prior Pedro para preguntarle algo. —Pero, si no logramos encontrarlos, ¿Qué ocurrirá con el crío?—quiso saber Károl, algo preocupado. —Se quedará en el monasterio, siempre y cuando esté bajo su responsabilidad, hermano Károl—decidió el prior Pedro, con el tono serio de siempre. Károl sintió una gran alegría, e intentó no reflejarla, pero en su rostro se esbozó una leve sonrisa. Estaba decidido, se quedaría con el niño. Los tres monjes designados por el prior visitaron Brasdby y las granjas cercanas, preguntando si sabían quiénes eran los padres del bebé, pero nadie había visto al encapuchado vestido con ropajes pardos, y Károl nunca supo quién era ese hombre. De modo que los frailes se quedaron a Órgahm, que desde entonces pasó a ser uno más de los huérfanos a los que los monjes cuidaban en el monasterio. En cuanto a la gema, Károl decidió guardarla en su estudio y no hablarle de ella a Órgahm hasta que fuese mayor de edad. Órgahm creció fuerte y sano en el monasterio y recibió una educación que pocos jóvenes poseían. Aprendió el lenguaje arcaico de los códices y la historia del Creador Éol y de sus numerosos vástagos. Se convirtió en un muchacho alto, de espaldas anchas, cabello negro, largo y rizado que le enmarcaba la cara y con unos preciosos ojos castaños muy sinceros. Hizo algunos amigos entre los huérfanos, entre ellos un muchacho de piel rosada, muy rollizo y cara redonda, llamado Huor Racroom y dos hermanos llamados Michel y Carlos. Continuamente, los cuatro amigos escapaban del convento por el jardín trasero y corrían hacia Brasdby por la calzada de piedra. Sin embargo, tanto Órgahm como los demás huérfanos, tenían terminantemente prohibido salir del monasterio, por lo que cuando volvían, recibían algunos azotes en el trasero y castigos que iban desde rezar oraciones durante horas hasta ayudar durante una semana entera a algún monje en sus tareas diarias. Pero, a pesar de que Károl y el prior Pedro vigilaban continuamente a Órgahm, el muchacho ya había salido del monasterio en seis ocasiones, y cada vez, los monjes intentaban ponérselo más difícil. Las otras dos cosas que le encantaban a Órgahm y a sus tres amigos era robarle la comida a Fray Bernardo el cocinero, que nunca llegaba a darse cuenta de nada, pues siempre acusaba a Timothy el tesorero; y por supuesto, observar los fragmentos de la espada de Jorge el Matadragones, expuestos eternamente sobre el altar de la capilla, tras el cuál se alzaba una estatua de dos metros y medio del héroe. Pero a Órgahm no le atraía para nada la vida de monje. A menudo hablaba con los demás huérfanos y les cuestionaba por qué querían vestir los hábitos y entregar sus vidas al Creador Éol, en lugar de casarse y formar una familia. Esto provocó que algunos muchachos cambiasen la forma de ver la vida, y durante un tiempo, no quisieran convertirse en monjes. Pero cuando el prior Pedro se enteró de lo que le Órgahm había contado a sus compañeros, lo castigó a ayunar durante una semana entera. Tras esto, Fray Károl le recomendó a Órgahm que no expresase sus ideas de una manera tan radical y que las reprimiera poco a poco, pues le llevarían por un amargo camino, y no convenía compartir unos pensamientos tan estúpidos con sus compañeros, unos muchachos demasiado influenciables, pues todos debían tener un pensamiento libre. Aunque desde ese punto de razonamiento, Órgahm pensaba que eran los monjes quiénes no dejaban pensar a los jóvenes huérfanos con libertad. Y ésa no era la vida que Órgahm quería tener, pues aunque Károl y la mayor parte de los monjes lo querían; él se sentía prisionero en una enorme jaula con muchos pájaros. Algunos, demasiado acostumbrados al cautiverio se quedaban para siempre en la jaula, y otros, los más jóvenes, trataban de escapar de ella hasta que acababan por acostumbrarse a los barrotes. Órgahm era de los segundos, deseaba con todas sus fuerzas poder abandonar el convento y convertirse en un gran aventurero que viajase a tierras muy lejanas. Algunas noches, el muchacho se acostaba en la pequeña habitación que compartía con Huor, Michel y Carlos, se tumbaba en su cómodo edredón de plumas, cerraba los ojos y soñaba con un viajero extranjero ataviado con ropas pardas. Última edición por Orco Escritor; 14-Jul-2010 a las 16:25 |
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#9 |
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Guerrero honorable
Fecha de Ingreso: 08-December-2009
Ubicación: A través del espejo
Mensajes: 339
Gracias: 54
Agradecido 54 Veces en 43 Posts
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Está bien, el único defecto que cuando un personaje habla se usa al principio el guión largo y si se hace una aclaración después el corto, si no se hace, no tiene que llevar un segundo guión. Es decir:
(guión largo) Hola (guión corto) dijo el mago. (guión largo) Que te mueras, viejo.
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¿Estas seguro de que quieres saber qué pasó después del "fueron felices y comieron perdices"... http://www.fantasiaepica.com/18-sexo...607#post166607 ? |
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| El siguiente Usuario da las gracias a Ozymandias por este Post: | Orco Escritor (02-Feb-2010) |
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#10 |
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Mago total
Fecha de Ingreso: 30-May-2009
Ubicación: Bajo mi árbol...escuchando el río.
Mensajes: 745
Gracias: 65
Agradecido 111 Veces en 97 Posts
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Me ha gustado mucho, pero mucho, puesto que hacía tiempo que un relato no me enganchaba así. No sé, quizás sea el ambiente medieval, etc, pero me ha cautivado. Sigue adelante, que tienes un seguidor ^^.
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La inteligencia sin ambición es como un pájaro sin alas “La infantería española nunca retrocede, da media vuelta y sigue avanzando.” |
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| El siguiente Usuario da las gracias a Mors Mortis por este Post: | Orco Escritor (02-Feb-2010) |
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